Por Keren Trapunsky
Gerente de Inversión Social Corporativa Unión de Cervecerías Peruanas Backus y Johnston S.A.A.

Empresas privadas: ¿pueden ser competitivas y socialmente responsables a la vez?

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En 2014, 59 grandes empresas y 6 PYMES recibieron el Distintivo de Empresa Socialmente Responsable.

Cada año son más las empresas que apuestan por la responsabilidad social empresarial (RSE), lo cual se evidencia en el importante incremento del número de ellas que recibieron el Distintivo Empresa Socialmente Responsable, que verifica la gestión orientada hacia la competitividad sustentable y responsable, y que pasaron de 13 a 65 entre los años 2011 y 2014.

Este reconocimiento público es un indicador de que existe un creciente interés de las compañías por generar valor a través de la RSE, ya que existe un estrecho vínculo con el resultado de sus negocios.

La RSE ha evolucionado desde la etapa en que se confundía con acciones caritativas o altruistas, a la de hoy en día, en que se define como un pilar más dentro de la gestión empresarial, una herramienta que implica incorporar las expectativas de los principales grupos de interés en el accionar de la empresa. Bajo este enfoque, la toma de decisiones se basa en el triple bottom line, donde las personas, el planeta y la rentabilidad son los tres pilares de la sostenibilidad del negocio. Por eso, en algunas compañías no manejamos el término “RSE”, sino más bien nos referimos a trabajar en nuestro “Desarrollo Sostenible”.

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Al pensar en competitividad, por ejemplo, resultaría costo-eficiente abastecerse de un proveedor que ofrece el precio más bajo, pero a costa de no respetar los derechos laborales o las medidas de protección del ambiente en su operación. Solo al considerar esta dimensión económica y en el corto plazo, existe un trade off entre ser una empresa más competitiva y una socialmente responsable. Sin embargo, ninguna firma puede ser competitiva y, en consecuencia, rentable y sostenible si prioriza solo la perspectiva económica, pues sin recursos del ambiente y sin sociedad, no existirá un mercado en el futuro.

Este nuevo modelo de gestión es una tendencia global. Algunos Estados ya tienen leyes que obligan a las compañías a cumplir con ciertos procesos, como elaborar reportes de sostenibilidad adicionales a sus memorias anuales o contar con principios de abastecimiento responsable. También en el Perú estas exigencias empiezan a darse: varias de las grandes empresas buscan proveedores con certificación SMETA – por sus siglas en inglés: Sedex Members Ethical Trade Audit- y otras se abastecen de productos certificados desde la perspectiva de la RSE. Las firmas de todo tipo, aquellas que proveen y las que entregan bienes y servicios finales, empiezan a ser contratadas con la condición sine qua non de ser responsables. Así, la RSE se convierte en un factor importante para que las empresas sean competitivas en un mercado cada vez más difícil de ganar.

“ninguna firma puede ser competitiva y, en consecuencia, rentable y sostenible si prioriza solo la perspectiva económica, pues sin recursos del ambiente y sin sociedad, no existirá un mercado en el futuro”

Visión de largo plazo

La RSE resalta la importancia de la generación de valor compartido, que significa asegurar un retorno para todos los actores involucrados. Existen algunas experiencias locales que demuestran que es posible lograrlo.

El programa “Progresando juntos con agricultores de maíz amarillo duro”, de Backus, es un caso de abastecimiento responsable con impacto positivo en los participantes, el Estado y la empresa. Desde 2008, se articuló a agricultores a la cadena de valor de la compañía como proveedores, con el objetivo de mejorar su calidad de vida. Se brindó capacitación y asistencia técnica y, como resultado, hoy la empresa comercia directamente con 410 agricultores asociados en dos cooperativas, que han incrementado su utilidad neta en un 45% en promedio y han contribuido al Estado con más de S/.11.5 millones en impuestos. Además, la compañía diversificó su abastecimiento de maíz con una opción local, a precios que ya compiten con los del mercado internacional. Algo similar ocurre con Nestlé y su fomento de la ganadería en Cajamarca, que busca impulsar su competitividad. La empresa invirtió en un Departamento de Fomento al Ganadero, cuyo trabajo incrementó su productividad, y hoy la compañía se abastece de un producto con sus estándares de calidad y un alto nivel de sólidos lácteos por litro de leche . Lo interesante de este tipo de proyectos es que se constituyen en modelos que pueden ser replicables y sus resultados motivan a otras empresas a trabajar con la base de la pirámide como parte de su estrategia de negocio.

Si bien este tipo de intervenciones de RSE demandan una inversión y un horizonte de trabajo de largo aliento por parte de la empresa, también contribuyen con una serie de beneficios y robustecen su reputación, lo que asegura su sostenibilidad. Por este motivo, en el largo plazo, el trade off al que cualquier compañía se enfrentará es al que existe entre la eficiencia de corto plazo y la que se puede obtener en el futuro, el que deberá comenzar por asegurar. Si traemos ambos a valor presente, ¿cuál resultará mayor?

“Si bien este tipo de intervenciones de RSE demandan una inversión y un horizonte de trabajo de largo aliento por parte de la empresa, también contribuyen con una serie de beneficios y robustecen su reputación, lo que asegura su sostenibilidad.”

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